Babel

domingo, octubre 23, 2005

La vida se crea en el delirio
y se deshace en el hastío.

E. M. Cioran

miércoles, octubre 19, 2005

CARDO: ESCUELA DE EMBRIAGUEZ

Por: Roberto Borja

Buenas noches:

Quiero dedicar mis palabras a Nora Carrillo, quién me comprometió a decirlas en esta ocasión. Ustedes saben que no soy crítico de literatura y menos aún de poesía. Simplemente soy amigo de Cardo y observador de su vida práctica que, entre otras cosas, ha producido el libro que hoy presentamos.

Voy a hablar de lo que Cardo oculta. Voy a hablar del estado líquido de Cardo.

Taller de percepción poética, dice a la entrada. Pero no hagan caso.

Cardo es en realidad un lugar de encuentros, en el que también se descubren caminos. Algunos llevan a la conquista del paraíso, otros a regodearse en el infierno. Eso sí, la elección es libre. Puesto que si no se es libre, no es culpa de Cardo.

Formalmente aparece como un taller de poesía, como cualquier otro. Pero su dirección es muy diferente, pues se encuentra en las manos de una mujer muy especial: Raquel Olvera.

En la presentación del libro en Buenos Aires, Pablo Narral, que apenas tenía unos cuantos indicios de lo que era Cardo, escribió:

“Cardo…no es sólo la intención de un conjunto de personas que aisladamente intentan una aproximación a la literatura. Es una comunión, que utilizando a Raquel Olvera como médium, sacerdotisa traviesa, convergen en un punto en común que los hace estar por encima de la actitud de un taller y componer una orquesta de inquietos, de artistas que cada uno, desde una perspectiva, curiosidad, afinidad, llámese como se quiera, buscan alcanzar su lugar dentro de la creación”.

Pero, yo que creo conocer un poco más a Raquel, les puedo decir que no es sólo médium o sacerdotisa traviesa. Raquel es una maestra de la embriaguez. ¿A qué me refiero?

Ustedes saben que yo vivo con ella. Y su estado permanente de embriaguez no es producido por el alcohol, aunque así sea de vez en cuando.

Me refiero a lo que Nietzsche llamó: estado estético fundamental y que ustedes saben, para él era dionisiaco o apolíneo. Permítanme unas palabras sobre la embriaguez, que Heidegger destaca en sus escritos sobre Nietzsche.

Lo esencial en la embriaguez, dice, es el sentimiento de acrecentamiento de la fuerza y su plenitud.

“No tenemos un cuerpo sino que somos corporales…en cada estado corporal vibra un modo en el que nos dirigimos a las cosas que nos rodean y a los seres humanos que están con nosotros. El sentimiento no es algo que se desenvuelva sólo en el interior, sino que es el modo fundamental de nuestro existir en virtud del cual y de acuerdo con el cual estamos siempre ya llevados más allá de nosotros mismos hacia el ente en su totalidad”.

Al modo fundamental en el que estamos fuera de nosotros mismos se le llama el temple de ánimo.

“En la plenitud (que es la comunión con esa totalidad) nada es extraño ni nada es demasiado, se está abierto a todo y pronto para todo: el mayor frenesí y el riesgo supremo, uno junto al otro”.

Para explicarme, dejo por un momento la filosofía y entro en la poesía. Pasemos del cerebro a la entraña, de la razón al sentimiento.

Ustedes saben que cada poema reproduce, de manera abreviada, la historia de toda poesía.

Veamos por ejemplo un poema de Juarroz:

La lucha escandalosa

entre dos seres que se aman

es una manifiesta afirmación de ser.

La derrota del amor

es su triunfo.

Pero ¿Qué es el amor, sino la manera de hacer al mundo, mundo? Y ¿Qué es el ser, sino la manera en que el universo expresa su deseo de sentir y de vivir?

Y ¿qué es el universo, sino el siempre caos originario en su eterno retorno?

¿Cuál es la voz profunda de la poesía sino un grito en el silencio del lenguaje, que produce el vértigo de estar en el centro del caos?

La revelación poética es profana porque es desgarradora. En ella tiene lugar la escucha de un imperativo: en lugar de humanizar al mundo mediante la violencia de la razón, planetarizar al hombre a través del sentimiento y del afecto. ¿No es acaso ese el mensaje último del acontecer poético?

Continúo con la embriaguez, según Heidegger que decía de Nietzsche:.

“La embriaguez es sentimiento, ser templado que vive corporalmente. Pero el estar templado abre la existencia como existencia ascendente y la amplía en la plenitud de sus capacidades, capacidades que se excitan y aumentan recíprocamente.

“La embriaguez no está en el cuerpo o en el alma, es un modo de estar viviendo corporalmente, de estar templado respecto del ente en su totalidad.

“Pero sólo la forma fundamenta el ámbito en el que será posible la embriaguez como tal. Allí donde impera la forma como suprema sencillez de la legalidad más rica, allí hay embriaguez”.

En otras palabras, la embriaguez estética es todo lo contrario de la etílica, pues en lugar de perderse en la excitación y la desmesura, exige del imperio de la forma para el goce de la plenitud.

En resumen, la embriaguez es el temple necesario para la comunión con el ser bajo el imperio de la forma. Por ello comulgamos a través de la poesía, no a la manera religiosa de sentirnos parte de una creación, sino mediante el sentimiento que nos arroja al flujo y reflujo de la existencia, tal como es ésta, amorosa y cruel, armoniosa y caótica.

Esa es la embriaguez de Raquel y el estado líquido que, con la presencia de sus integrantes, constituye a Cardo. Tengo que aclarar que a casi todos los he visto, sin embargo, en ambos tipos de embriaguez, a Leonardo, Ninett, Nora, Lety, Javier, Oscar Cid, Tanatiuh, Ivonne, Moeba, Mary, Fabiola, David, Paty Hernández, Oscar Torres, Petuni, Alejandro Lenin (a este no en la segunda), Román, Paty Farfán, Ramón Peralta, Jaime, X-hail, Premalata, Ix-chel, Tania, Matesanz, Iván, Maxi, Rosa, José Manuel, Nicolás, Nayeli, Alejandro, y otros que no publicaron como el Tigre famélico.

Bueno, dirán ustedes, más allá de la embriaguez, es decir del goce de la plenitud, ¿qué significado tiene la poesía para la vida?

Dice Octavio Paz, en El arco y la lira: “Entre nacer y morir hay nuestro existir, a lo largo del cual entrevemos que nuestra condición original, si es un desamparo y un abandono, también es la posibilidad de una conquista: la de nuestro propio ser”.

La conquista del propio ser: he ahí el sentido de la aventura de la vida.

Otra vez cito a Juarroz:

No existen paraísos perdidos.

El paraíso es algo que se pierde todos los días,

como se pierden todos los días la vida,

la eternidad y el amor.

Y ya sabemos además

que tampoco existen paraísos futuros,

no hay más remedio, entonces,

que ser el paraíso.

La conquista del ser para ser el paraíso. ¿Será posible?

Nuevamente escuchemos a Paz:

“La poesía nos abre la posibilidad de ser que entraña todo nacer; recrea al hombre y lo hace asumir su condición verdadera, que no es la disyuntiva: vida o muerte, sino una totalidad: vida y muerte en un solo instante de incandescencia”.

¿A qué vienen las flores al mundo?

¿A qué vienen los hombres al mundo?

Acabamos de escuchar la respuesta de los poetas. Con toda razón Heidegger les decía pastores al cuidado del ser.

La poseía es entonces la reveladora del contenido de la casa del ser. No la percepción de la inmediatez del mundo, sino la recreación, en la eternidad, del instante de incandescencia.

Tal es el significado de la percepción poética y de Cardo como escuela de embriaguez, como enseñanza para ver al misterio de frente.

En otras palabras, aprender a vivir, conociendo el mundo propio, lo que no se ve a simple vista: el tiempo y la eternidad, el espacio y el infinito, el misterio.

Tal es la misión del arte: acrecentar la vida, llegar a ser en plenitud…aceptar ser el paraíso y gozar en el caos. Vivir en el mundo siendo flor, siendo cardo.

Están ustedes dispuestos a ser el paraíso? ¿Prefieren regodearse en el infierno?

Vengan ustedes a Cardo, lugar de encuentro donde se revela la incandescencia del ser en la comunión creativa, en la embriaguez colectiva.

Una muestra de ello es el libro que hoy se presenta en la casa del poeta, la casa de los cuidadores del ser: un libro, mejor dicho, un hermoso jardín lleno de flores, creciendo.

Y vaya que están creciendo. No puedo dejar de mencionar a varios miembros del taller que han recibido ya varios premios y reconocimientos, entre otros, Nora Carrillo, Ninett Torres, Leonardo Fernández, Lety Ricardez, Yvonne Mendoza, Antonio Matezans. De los que estoy enterado.

Yo les digo lo que siento y me ha identificado con Raquel:

Pienso que todos los vivos tienen la única e irrepetible fortuna de asomarse a la existencia. Viven con la única certidumbre de que a través de ellos se expresa el intenso deseo de vivir de todo lo existente, pues están conformados de la misma materia. Entre la nada y la muerte, pero con la fortuna de asomarse a la eternidad y al infinito, en medio de la crueldad y el amor, sólo les queda festejar ese precioso instante cósmico en el cual, a través de la conciencia propia, tiene lugar apenas un parpadeo maravilloso del universo. Y con la alegría de saber y sentir que, desde ese momento, nada se perderá, porque todo se ha ganado. La eternidad, el infinito, el caos y la nada tuvieron sentido: ser el soporte de la dicha y de la gracia, cuando el universo se manifestó como espíritu en el hombre, y el hombre, a través de su alma, comulgó con él ¿Acaso no es eso todo?

“El poema, dice paz, es un modelo de supervivencia fundado en la fraternidad –atracción y repulsión—de los elementos, las formas y las criaturas del universo”. Yo digo que eso es parcialmente falso. El poema es un modelo hecho a partir de la identidad de los elementos del universo. Y el universo es, efectivamente, atracción y repulsión. Que sobrevivan en la fraternidad es una decisión del hombre. Y para esa decisión son fundamentales los poetas. Como para la contraria. Ustedes dirán.

Ese es el camino que yo prefiero ver en Cardo: la percepción poética como embriaguez, es decir, el camino para la existencia plena a través de la creación artística, pero también de un mundo propio capaz de conquistar el paraíso en el propio ser.

Veo en Cardo la semilla de una nueva forma de desarrollo de la conciencia que, espero, permitirá algún día que la poesía ilumine la vida del hombre y le devele a sus ojos los grandes y hermosos atractivos de su verdadera patria: el infinito misterio. Entonces tendrá lugar la planetarización de la humanidad.

Termino con lo que podría ser el lema de Cardo:

Poetas de todos los países: Embriagad al mundo.